Como se REVERSA una calumnia?

El octavo mandamiento de la ley de Dios dice: No levantarás falsos testimonios, ni mentirás.

Y es pecado capital, a la medida que ese falso testimonio, daña la honra y la fama de esa persona.

Pero también escandaliza y daña a un número considerable de personas, que la hacen creíble.

Un sencillo ejemplo:

El párroco de San Sebastián, en Mallorca, padre Alfred Millares, tuvo un altercado con un feligrés, el cual lo acusó ante las autoridades de grave acoso y abuso sexual.

Las noticias no se hicieron esperar; los diferentes periódicos y programas de televisión de la zona, hicieron público este hecho, el cual daban por cierto.

Esto detonó en un apasionado odio contra la Iglesia y sus presbíteros, (cosa fácil de lograr en nuestros tiempos).

Gran parte de los lectores, televidentes e incluso antiguos fieles de su iglesia, quedaron heridos y escandalizados, pues no podían creer que este, su buen párroco, los hubiera engañado, cayendo en tales faltas por su “doble vida”.

La historia termina, en que todo era una farsa, un acto de venganza y una sería calumnia contra el sacerdote, reconocida luego por su autor.

La falsa historia, terminó con la vida de parroco de este buen cura, su honra y fama, quedaron por el suelo.

El maligno sabe usar muy bien esa frase de: “Cuando el río suena, piedras lleva”.

El obispo de Mallorca, monseñor Javier Salina, dirigió una carta disculpándose con el sacerdote, algunas personas, se acercaron al padre a excusarse por haber creído esta farsa injusta. Pero el daño estaba hecho.

Como diría el santo F. de Neri: Y ahora, quien recoge las plumas? Nadie!

Los medios que cobardemente acusaron al sacerdote, desaparecieron al instante de conocer la verdad.

Lastimosamente, los medios de comunicación a veces se dedican más a desinformar.

Su historia como párroco, quedo reducida a un escritorio, y su hoja de vida, manchada.

Mis hermanos, espero con este ejemplo que entendamos la gravedad de las supuestas hipótesis que tantas veces se levantan contra sacerdotes y el mismo santo padre. Calumnias graves y peligrosas que van de un lado al otro y se dan a conocer como sí fueran ciertas.

No alcanzamos a comprender la gravedad de levantar un falso testimonio. Y al final, con un simple:

“Perdón, es que yo creí que era así”, no se puede reparar el daño.

Dios los bendiga.

 

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